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Eduardo Garat fue secuestrado en la madrugada del 13 de abril de 1978, en la esquina de Santa Fe y España, en
Rosario. A los 33 años, estaba casado con Elsa Martín y tenía tres hijos. Era abogado, escribano y
docente universitario. Defendió a presos políticos, participó en la comisión investigadora de la
desaparición de Ángel Brandazza, un ensayo en noviembre de 1972 de la represión luego sistematizada, y
tuvo una intensa militancia en la Juventud Peronista y el Partido Auténtico.
Anteriormente había estado en la dirección nacional de Franja Morada en 1967-1968, junto a Enrique Pankonin.
A fines de 1974 había sido encarcelado por pegar carteles en la calle con Ricardo
Massa, quien también luego
será desaparecido. Entre los papeles de Eduardo Garat quedó un ensayo sobre la Constitución de 1949, que
será publicado por la organización Hijos para el 2009, fecha en que se cumplen 60 años de dicha CN.
Con Eduardo fuimos muy amigos y nos tocó compartir, junto
a Enrique Pankonin, la dirección nacional de Franja Morada (Córdoba,
Rosario y La Plata).
Eduardo era un hombre brillante, probablemente el más inteligente
de todos nosotros, con una gran visión política. Curiosamente en los
años de nuestra militancia universitaria(67-68) él estaba más cerca
de una posición social-demócrata que de una posición revolucionaria.
Yo estuve muchas veces en su casa en Rosario, y me tocó compartir con
su padre, escribano y bastante mayor y con su hermano .
En el año 1970, estando yo instalado en Chile, Eduardo viajó para la elección
de Allende y juntos salimos a celebrar el triunfo.
Yo me exilié en Canadá en el año 74, después del golpe militar,
y en uno de mis viajes a Argentina, en el 76, lo vi por última vez.
El ya estaba militando y con serias amenazas para su vida.
Estuve en su casa con su mujer y sus hijos .
La última imagen que tengo de Eduardo fue su despedida en la
terminal de buses, con uno de sus hijos en brazos. Con posterioridad
yo le escribí de Canadá y le ofrecí que se fuera y se instalara en mi
casa, incluso le averigüé la posibilidad de hacer un post-grado en Ciencias
Políticas, pero él estaba muy comprometido en su movimiento y me dijo
que no. Pocos meses después recibí una carta de su familia en la que
me contaban que había desaparecido.
Yo movilicé algunos grupos de derechos humanos en Canadá,
pero nunca pudieron conseguir ninguna información.
Para mi Eduardo fue casi un hermano y nunca he dejado de pensar en
su destino, que podría haber sido el mío de haberme quedado en Argentina.
Jorge
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