desaparecidos


Poesías

Introducción:

Pocos saben que soy un poeta, pocos saben que en el comienzo eramos un grupo de poetillas, por lo jóvenes, que trazamos en el aire nuestro propio destino. Aún recuerdo nuestro primer recital conjunto en el salón de actos de una universidad del sur de argentina. Eramos cinco o seis. No lo recuerdo exactamente. De aquellos hoy no quedamos más que dos. El resto se fue en ese horrible asesinato masivo que hicieron con nuestra generación.

Tuve que vivir el exilio y mi primer gran compañero y amigo fue un poeta canario que había vivido él también la tragedia de la guerra civil española. Su odisea fue cruzar el sahara a pie para volver junto a su pueblo; él me ayudo a cruzar el desierto que es todo exilio y con él participé en el "Primer Congreso de Poesía Canaria" el primero después de cuarenta años. Era él la unión de la esperanza a través de la poesía. Otra vez un salón de actos de una universidad lleno de poetas.

Creo que en este espacio virtual no podía faltar la poesía. Si algo tiene la poesía es su capacidad de abstraer el pensamiento, es una especia de matemáticas de la lógica, aunque aparente surgir del corazón. Pero es imposible escribir poesía sólo con el corazón. Es necesario modelar el lenguaje y hacerlo expresar la última espiral del pensamiento humano.

Por eso en la reconstrucción de la memoria tiene que estar la poesía que es quizá la única capaz de explicar el horror en ese punto en que se vuelve inombrable. Por eso invito a todos a enviar las poesías de aquellos que no están y a recordar a aquellos poetas que fueron y no pudieron ser. En mi memoria un recuerdo especial para Daniel Bombara poeta asesinado en su ingenuidad más pura. Y para reflejar que puede ser esto, les dejaré un poema de mi amigo canario, Pedro García Cabrera, que refleja, posiblemente, no sólo nuestra historia, sino también el trabajo que entre todos estamos haciendo en éste que es, sin duda, el primer espacio virtual del mundo dedicado a los que innombrables, a las sombras que impiden el sueño de los asesinos y que no dejan que la historia se cierre. De Pedro, les traigo este poema históricamente premonitorio de lo que había pasado y pasaría:

Gregorio Dionis

Noche de perros.

No dijeron ni pío.
Vinieron sobre rieles.
Sus cejas eran cargos
contra la luz de nuestros ojos.
Y se subió a los áticos el miedo.
Todo cuanto tocaban
caía malherido.

Hallar, no hallaron nada.
Digo, no; si encontraron
el cuerpo del delito:
la ventana abierta de las ideas
con su porción de lumbre, sal y agua.

Era bastante
y se acabó el carbón.

El hacha de la paz aún sigue en alto
y sin nacer el trigo.
[Del libro "Hora Punta del Hombre, Tenerife, 1970]

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