Buscados. Represores del Alto Valle y Neuquén

por Noemí Labrune
 


 

I. A merced del Terrorismo de Estado
 

6. La APDH gana la calle

 

La presencia habitual de monseñor De Nevares en estas reuniones contribuyó en gran medida a insuflar a la acción de la APDH local una firmeza y una continuidad que no era fácil esgrimir frente al Estado terrorista.

En esos años fue también la Delegación Neuquén la primera en salir a la calle, enarbolando un cartel. Para el caso, de hechura casera: sábana doble de un celeste desteñido, con la inscripción APDH en pintura negra. Desde ese día y hasta ser reemplazado por otro, ancho como una avenida, sirvió de símbolo convocante para marchas de protesta, sentadas exigiendo "Juicio y Castigo a los culpables" y plantones reclamando el respeto por los Derechos del Hombre.

El diario "Río Negro" publicó la foto de ese primer plantón, y lo describió como: "INSOLITA DEMOSTRACION FRENTE A LA CASA DE GOBIERNO".
 


 

Fecha: 14.08.1980. Coincidió, no por casualidad, con una gira del inspector general del Ejército, y de autoridades del V Cuerpo.

Escenario: la Plaza, frente a la Gobernación, en cuyo primer piso cambiaban saludos protocolares los generales visitantes y los locales, éstos en las personas del gobernador del Neuquén, y del comandante de la VI Brigada de Infantería de Montaña.

Hora: Medio día. Bastante gente yendo y viniendo por esa plaza. Salían de su trabajo, iban al Banco, acompañaban a sus hijos al colegio. Casi nadie se detuvo; ninguno hizo un gesto explícito de solidaridad. Pero los más se dieron por aludidos: era el primer aviso para el comienzo de la movilización ciudadana.


Muchos recuerdan hoy a ese grupito de 14 o 15 personas silenciosas, al parecer imperturbables, y seguramente intranquilas, bajo ese cartel que un día quedaría chico, pero que ese mediodía lucía excesivo, estrafalario, insolente.

Perturbado, el Gobernador, general (R.E.) Domingo Manuel TRIMARCO abandonó por un momento su estilo patriarcal, mandó gatillar las armas a la Guardia de Infantería y rodear a los manifestantes. Sorpresivamente un silbato, una orden, y los 20 o 30 policías reingresaron al patio de la Gobernación.

¿Por qué no los obligaron a arriar el cartel? ¿Por qué no a disolverse, o a subir al celular hasta la comisaría?

El pequeño grupo se veía demasiado esmirriado. Parecía absurdo pensar que pudiera multiplicarse, la chispita convertirse en llama permanente. Y el grupito en muchedumbre.

Entre tanto, los militares se dedicaron a almorzar, allá en el primer piso, y los militantes a esperar que la gente y el tiempo siguieran pasando.

Los militares no han sido educados para captar el sentido profundo de lo que es "insólito". Su horizonte se limita a lo "uniforme". Interpretan cabalmente sólo aquello que se repite mecánicamente. Como las voces de mando, como las voces que mandaron torturar y matar en un ámbito donde la conciencia no penetra.

Y llegó el día en que lo insólito se convirtió en una práctica revitalizadora y muy característica de las costumbres cívicas de la capital neuquina.

 

 

 

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