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Analía nació el 18 de noviembre de 1947 en Villa Cañas y en 1970 ingresó a la Escuela de
Servicio Social. Era delegada del Banco Provincial de Santa Fe. Su militancia se relacionó con su condición de
trabajadora, integrando lo que entonces se llamó la "Juventud Trabajadora Peronista".
Fernando fue fusilado en la Plaza Independencia de la ciudad de San Miguel de Tucum;an el 18 de agosto de 1976.
Analía fue secuestrada junto a sus dos pequeños hijos el 9 de febrero de 1977, al mediodía, en la
ciudad de Córdoba. Fueron llevados al C.C.D. "La Perla". Los dos niños fueron devueltos a sus abuelos el 18 de
febrero de 1977. Analía llevaba el seudónimo de Ana Gomes.
Así la recuerda el compañero Jorge Rodrigo.
"Creo recordarla como única mujer en el grupo de compañeros del gremio bancario. Ellos la quisieron, protegieron
y valoraron, teniendo en cuenta que era un gremio de hombres.
Con Fernando formó una familia y quienes compartimos ese aspecto de su vida, podemos decir que se quisieron,
respetándose, dándose su lugar para ellos y para los otros.
Su proyecto estaba con sus hijos a quienes se dedicaron con amor, en el cuidado, la protección, compartiendo sus juegos
y conteniéndolos en sus llantos.
Recordamos con cuanta alegría esperaba la llegada de su mamá, cuando venía a visitarla desde Rafaela:
"qué lindo el olor a comida de madre", decía y no confundía rico con lindo, para ella era lindo
además de rico.
Como dirigente de la asociación Bancaria de aquellos tiempos me rodeé de una nutrida dirigencia juvenil, que
llevaba el impulso, los ideales y los principios que se respiraban en aquellos años históricos. Hubo muchos,
cuyos nombres permanecerán en el anonimato, por su fugaz protagonismo o por lo secundario de sus papeles en lo
referente al sindicalismo.
Analía era mucho más joven que yo y por lo tanto no me aceptaba en casi nada los pocos consejos que
pretendía darle, sobre todo para que bajara el pedal del acelerador de su vida.
La recuerdo así, alegre, llena de vida, desbordada, puteadora como para poner colorado a un camionero. Solidaria y
activa en donde y cuando hiciera falta. Fue una dirigente y amiga de cuya nobleza siento todavía su
ausencia.
Stella Maris Druetta conoció a Analía en el otoño del 70, cuando ingresaban a la Escuela de Servicio
Social. Cuenta que
era vital y alegre. Planteaba las cosas con energía e inteligencia: convocaba.
Sus grandes ojos negros se ponían serios y duros cuando algo la contradecía o reían luminosos cuando la
rozaba el amor, que ella tomaba a borbotones sin saciarse.
La recuerdo en esas mágicas tardes de mateadas, locuaz, discutidora, casi altanera cuando peleaba sus ideas. Era una
trabajadora y militante comprometida con la causa del pueblo que ella creía justa; intransigente con sus convicciones,
irreverente, desprejuiciada, idealista.
Un día debió irse de esta ciudad (que caminamos y quisimos tanto) y al tiempo la noticia más triste: la
habían matado.
Yo la había visto poco antes en Rosario, charlamos largo y tendido, tomamos algo, conocí a Nicolás, su
hijito, nos despedimos. Al poco tiempo nacía mi segunda hija: se llama Analía.
Su hijo Mauricio está buscando cualquier información sobre ellos.
Homenaje de la
La Asociación Bancaria Seccional Santa Fe
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