"Impunidad y sus Efectos en los Procesos Democráticos"

Seminario Internacional, Santiago de Chile, Chile, 14 de diciembre de 1996

  

   

Consecuencias Médico-Psicológicas 
sobre la Persona en los Procesos de Impunidad

por Paz Rojas
Médico Neurosiquiatra

 

Antes de referirme específicamente a las consecuencias de la Impunidad sobre las personas, señalaré brevemente algunos hechos y conceptos que permitan comprender y conocer el terreno humano sobre el cual se insertan, se suman, se potencian los múltiples mecanismos de Impunidad.

Quiero dejar en claro que nos referiremos exclusivamente a la Impunidad de los autores de violaciones de los derechos civiles y políticos, sin dejar de señalar que los atropellos históricos a los derechos económicos, sociales y culturales han incidido y siguen incidiendo en las experiencias y en la constitución del sujeto, así como, en la configuración de los trastornos que hemos encontrado en las personas.

La magnitud, profundidad y particularidad de las alteraciones, nos permiten afirmar que los crímenes contra la humanidad forman parte esencial de lo que podría llamarse "la principal figura de la modernidad en esta segunda mitad del Siglo XX".

Todas las personas que han vivido escenas traumatizantes, que se experimentan como el fin de la vida, escenas de violencia con la posibilidad de la muerte, han enfrentando durante la tortura, la ejecución, el desaparecimiento, el carácter inexorable del destino: la muerte. No se trata aquí de una muerte abstracta sino de una muerte real, perversa, en que se experimentan los últimos instantes de la vida.

Se vive una Situación Limite. Ella tiene un carácter dramático, inevitable e incomprensible, una duración incierta que se vive como infinita y que provoca una sensación de impotencia total de la persona frente a ella. Esta situación es generada por el sistema, por el Estado, por el torturador, por el responsable.

En las personas se produce un trauma psíquico, originado por el choque brutal entre una situación exterior de peligro extremo y la interioridad del individuo.

Esta situación de violencia es vivida como una total desigualdad humana, no tiene experiencia previa, ni siquiera en el campo de la fantasía, no se asocia a ningún recuerdo, no tiene representación mental homologable. Planificada desde la intencionalidad del sistema y ejecutada por los responsables en forma lúcida y consciente, esta violencia se constituye en el vínculo humano que une al torturado con su torturador. Es por eso que la hemos denominado el mSs de la violencia.

De modo que en el crimen contra la humanidad no sólo sé adrede a la persona en su dignidad, sino que destruye también, y fundamentalmente, la relación con el otro. En este trauma se daña uno de los más puros sentimientos humano, la confianza.

Los crímenes contra la humanidad pueden provocar la mayoría de los trastornos que la clínica médica y psiquiátrica han circunscrito desde hace siglos, predominan sin duda los trastornos ansiosos y depresivos y aparecen otros cuadros clínicos aún en discusión, como son el duelo prolongado o congelado en el tiempo. A través de estos trastornos se demuestra el refinamiento perverso que tuvieron los perpetradores para idear los métodos de aniquilamiento.

 

Impunidad

Dos tesis se han estructurado en el curso de veintitrés anos de una práctica concreta de atención integral médica, psicológica, social y jurídica, a personas afectadas por la violencia política de la dictadura militar chilena, y por la persistencia de la impunidad tras casi siete años de transición a la democracia, período en el cual la Impunidad alcanza su máxima expresión.

La primera tesis, fundamentada en trabajos anteriores, es que "con el tiempo la permanencia de la Impunidad induce mecanismos de perturbación intrasíquica e intersubjetiva capaces de producir trastornos mentales iguales o aún mas graves que la tortura".

La segunda tesis que sostendremos aquí, ahora, es que "la Impunidad es en sí y por sí misma una violación de derechos humanos". Con su existencia no sólo se viola un derecho humano, como el derecho internacional a la justicia, el derecho a la verdad, sino que ella constituye un atentado a la dignidad humana propiamente tal.

Si bien el concepto de dignidad humana tiene diversas lecturas, nosotros la analizaremos desde nuestra perspectiva, la neurosiquiatra cuya unidad constituye el estudio del hombre en su totalidad y existencialidad. Ella fundamenta la esencia, lo único, el más de cada uno, en el desarrollo y expresión de las funciones mentales superiores de cada persona que le dan su íntima individualidad.

Fundamentaremos esta segunda tesis, haciendo un breve contrapunto entre algunos de los principios entregados por el Relator Especial sobre Impunidad de los autores de la violación de los Derechos Civiles y Políticos, señor Lois Joinet, y los trastornos encontrados en las personas y las familias con quienes hemos trabajado.

El Relator define la Impunidad como "la inexistencia, de hecho o de derecho, de responsabilidad por parte de los autores de las violaciones de derechos humanos... que escapan a toda investigación con miras a su inculpación, detención, procesamiento, y en caso de ser reconocido, como culpable condena".

La parte tercera del Informe se titula El Derecho a Saber. En ella se señalan cuatro puntos fundamentales: el derecho inalienable a la verdad; el deber a recordar o deber de memoria; el derecho de la víctima a saber; planteando en el principio cuarto, "las garantías que deben existir para ser efectivo el derecho a saber".

La inteligencia, el pensamiento, la conciencia, la afectividad son interdependientes, y cada una, con el soporte de la memoria y el lenguaje, supone y comporta a las demás. Todas ellas se forman y se intercambian en el proceso del saber y conocer, pues el cerebro no es solamente parte de una estructura biológica sino parte de una estructura social, de modo que las condiciones del conocer no están "primariamente en el hombre sino que le vienen de afuera".

Con la Impunidad, el afuera, la exterioridad permanece profundamente alterada, la prueba de la realidad no existe, o es brutal e incodificable en el sistema del conocimiento. Incomprensible, como en el caso de las ejecuciones sumarias, o más aún, en el desaparecimiento.

La percepción, registro de que lo que acontece en la realidad, está distorsionada, disociada. Todas las posibilidades son tan pronto ciertas, verídicas, como inciertas o falsas.

De este modo la representación psíquica en las personas que hemos atendido está incompleta, pervertida y es a menudo cambiante, más aún, ella es resucitada permanentemente por una rememoración traumática. Así la representación, a pesar de su ausencia, constituye la presencia concreta de los acontecimientos, las situaciones y la figura inolvidable de él o los responsables.

Qué sucede en estas personas con el recuerdo, con la memoria y con la negación por parte de la sociedad del deber de memoria?. En trabajos anteriores, señalamos que las escenas y los hechos de violencia se mantienen en el registro mnésico, como suspendidas en el tiempo, al no saber lo que en realidad sucedió. El responsable y sus acciones están grabados de manera indeleble.

Hemos comprobado que los mecanismos de retención de la memoria, en los casos de trauma psíquico, parecen haber predominado sobre el olvido por la enorme carga afectiva que los caracterizan. Frente a esta especie de "hipemnesis encapsulada" la memoria posterior a la violación de derechos humanos se deteriora, las personas están "como desmemoriadas", "como perdidas", en tanto que los hechos no ligados al trauma tienen un registro más tenue.

Así la memoria, que es fuente de la construcción del saber y de la elaboración del pensamiento, con la Impunidad pierde su capacidad de adquirir, retener, y por tanto, utilizar satisfactoriamente una nueva experiencia. En ocasiones, los hechos más banales de la vida cotidiana despiertan dramáticamente la evocación del pasado.

A partir de una práctica no sólo terapéutica, sino de "una experiencia compartida" en búsqueda de la verdad y de la justicia con familiares de ejecutados extrajudicialmente y de detenidos desaparecidos, personas que no saben, que no conocen, que no identifican lo que sucedió con sus familiares, ni menos han logrado justicia, hemos comprobado importantes limitaciones de la expresión verbal.

Como lo inconcebible es indescriptible cuando esta ligado al horror, el lenguaje resulta débil, insuficiente, y no existen palabras para expresar lo vivido, para transmitir el dolor, la pena, la rabia, la impotencia. La mayoría de estas familias ha perdido lo propio de lo humano, la comunicabilidad. Muchas veces las palabras permanecen unidas a una fantasía siniestra.

Junto a la pérdida del saber y la limitación del lenguaje, los afectos, denominados pasiones desde el tiempo de Platón y Aristóteles, son sin duda los mas profundamente alterados.

La afectividad, que confiere siempre una sensación subjetiva a toda vivencia, con la Impunidad ha quedado fijada en el polo negativo de las emociones, de los sentimientos. La tristeza, lo desagradable, lo repulsivo, lo perverso, la fobia, penetran en los pliegues de la interioridad. El trauma del crimen, que permanece en lo desconocido y en la injusticia, ha dejado una huella en la propia vida y en la vida de relación.

Instituyendo una de las prácticas más dramáticas del quehacer humano: "la conjugación ambivalente entre hombres que tienen la voluntad de conocer y juzgar, y otros que sienten la necesidad de ocultar y olvidar conductas criminales realizadas por otros hombres el trauma propio de las víctimas trasciende a toda la sociedad, creándose un sistema contradictorio de difícil resolución".

De modo que si estamos de acuerdo en que a través del curso de la historia las "prácticas sociales engendran dominios de saber y a través de ellas se llega a la constitución del sujeto", se nos hace evidente que la impunidad es un obstáculo para el desarrollo humano, entrabando desde el hombre mismo la posibilidad de la evolución como individuos originándose un obstáculo real para una convivencia democrática. 

 

  

 

   

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