El “Rincón de Campana” no era una isla

Sobre ausencias y exilios

 

El día después

“...La tormenta ya nos envuelve, la diafanidad es cosa del pasado,
el granizo se avecina.”
(editorial del semanario “Ideas” del 21/02/76) 

“Absoluta normalidad en la ciudad y la zona”
(titular de “La Defensa Popular” del 25/03/76)

“...cuánta razón teníamos al señalar que vivíamos en una pequeña isla..”
(editorial del semanario “Ideas” del 03/04/76)

 

Así como la UOM hegemonizaba por su propio peso parte de la política del peronismo de esos tiempos, en su correlato local o seccional, el peronismo combativo y el “lopezreguismo” marcaban la tendencia militante en un gremio más cercano a la ortodoxia que no le impedía mantener buenas relaciones institucionales con el Sindicato de Petroleros o con los de Luz y Fuerza;y a nivel político el Secretario General, Luque, mantenía una afiatada relación con Robledo (ministro de Defensa) y con Rocamora (ministro de Interior) lo que sirve para configurar un panorama gremial de los metalúrgicos en el cual la lista “Rosa” (en la conducción), recibiera los embates de la lista “Naranja” que a nivel de conducción interna en fábrica,también se había escindido,fruto de las divergencias que llevaron a unos a tildar de subversivos y marxistas a otros y hasta de comunistas a la Comisión Directiva en ejercicio, lo que mantenía al “macartismo” a la orden del día.

Como resultante de estas cuestiones, una carta abierta dirigida a la Directiva de la UOM/Campana, el 19/02/76 da cuenta del enfrentamiento gremial que surge de la “Naranja”,y  destaca en uno de los tramos de la solicitada: ”...compañeros de la Comisión Directiva:pueden seguir expulsando por el solo hecho de decir verdades, pero les aclaro que los patriotas de la Agrupación Naranja preferimos morir de pie con vaso de agua en la mano y no arrodillados de la forma más rastrera como hacen ellos por un mísero plato de faisán...” (“La Defensa Popular”: fecha citada); siendo firmado por Luis Angel Dip, en lo que sería una resultante del enfrentamiento que mantenía en el seno de la “Naranja” con Jorge Gómez (“el Oso”) y José M. López (“el Portugués”) sobre el trabajo gremial a nivel de Comisión Interna, para lo cual habían sido elegidos por sus compañeros.

Desde ya que esta conflictiva apunta a caracterizar los estados de ánimo en  ámbitos laborales que tienen que ver con el gremio de mayor predicamento en nuestra ciudad que, aún después del golpe del ’76 y al igual que otras dieciseis seccionales de la UOM, mantuvo en sus cargos a la Comisión Directiva; a tal punto que es un representante de la empresa Damine-Siderca del área de Relaciones Públicas (Nelson Arrighi), quien instara a Luque para que se presente con integrantes de la Directiva ante el Área Conjunta 400 en el Tolueno una vez producido el golpe; cosa que se concreta y en el encuentro son grabadas las conversaciones que mantienen con el oficial a cargo (¿tte. crel. Márquez?), quien realiza preguntas de distinto tipo y tenor; de las cuales, algunas parecen no resistir el menor análisis: ”¿qué opinión tienen de la CGT?”; ”¿...así que quieren un mundo mejor...?”, y que se reiterarían o renovarían en otras citaciones a las que son convocados algunos integrantes de la Directiva de la UOM/Campana.

Pero lo importante para señalar es el “congelamiento” de toda acción gremial como instrucción “sine qua non” para que prosiga la actividad en las seccionales, lo que implicaba potenciar la temática vinculada al manejo de obras sociales y su administración que requería,en términos legales, de la conducción gremial de cada seccional;con lo cual se mantenía lo que ya se había concretado en el área social de la UOM/Campana y nada nuevo se emprendería hasta nuevo aviso para mejorar el nivel de servicios y prestaciones.

Por otra parte, es en la planta donde, con el golpe, se propicia la inserción o ingreso de personal del Ejército como obreros, de lo que dan cuenta testimonios recogidos,para lo cual resulta inocultable que dicha maniobra no podría concretarse sin la aquiescencia de “funcionarios” de la empresa que no podían ignorar cuál sería el objetivo de los ingresantes en relación a los trabajadores, ni podían ignorar que se “marcara” en la zona de ingreso a trabajadores,a través de fotos para identificarlos desde detrás de las ventanas y puertas vidriadas de acceso.

Sumado a esto, la presencia de fuerzas de seguridad y fuerzas armadas era constante, tal como ocurríría en otras empresas de los Rocca, como Propulsora Siderúrgica en Berisso, donde protagonistas refieren que “...uno de mi sección, me contó que le habían dado como en bolsa, encapuchado todo el tiempo. Dos días, le dieron, y después lo largaron. ¿Y sabés qué hizo la patronal cuando volvió? Lo despidieron por faltar sin previo aviso. Si serán hijos de puta. Se están cobrando todas junta, los Rocca. Se están vengando...” (5); venganza que funcionaba en otras empresas, con otros dueños y que en Campana se rememora en la búsqueda para la detención de Jorge Gómez (“el Oso”) en Trefila, a través de un operativo de seguridad que invade el interior del galpón y ante el cual los compañeros del “Oso” se van interponiendo al paso de los efectivos haciéndoles preguntas, demorándolos,para que el “Oso” pudiera escaparse por otra salida del galpón, saltar el alambrado, ganar la ruta 12 y salvarse, esa vez.

Mientras, ”...En Dalmine se supo que la empresa a pedido de la autoridad militar concedió 48 horas de asueto que serán pagos como si se tratara de feriado nacional, con todas las ventajas consiguientes...” (6), y en el ámbito político comunal, ”...En la Municipalidad imperaba un clima de evidente nerviosismo; el señor intendente rodeado de sus secretarios señor Salas, Santos Arenaza, conjuntamente con varios concejales, analizaban los hechos recientes, era evidente que todos se encontraban un tanto sorprendidos por el pronunciamiento militar.” (la negrita es nuestra) (7), de lo cual podríamos inferir el error de apreciación política del redactor, tanto como del conjunto comunal ante una situación que resulta difícil de creer no estuviera en los cálculos de funcionarios de la experiencia política de los mencionados por el medio, sobre todo si consideramos que la gestión dellepianista continuaría hasta el 21 de mayo de 1976, como ocurriera con otras gestiones municipales; por ejemplo,la de Luis Fabrizio del PSD en Mar del Plata; lo que reafirma la presencia y continuidad del “bloque civil” en la administración del Estado, posterior al golpe del ’76 que tendría el recambio comunal en la gestión que el prefecto mayor (RE) Alberto Ricardo Amor,iniciaría en mayo de ese año,nombrado por el interventor en la provincia de Buenos Aires, general Ibérico Saint-Jean, lo que dio por tierra con las especulaciones que aspiraban a la continuidad en el cargo del no-derrocado intendente democrático de los campanenses.

Aún así, la gestión comunal del radicalismo fue cuestionada a través de trascendidos en los medios y en círculos civiles que motivaron se instara en el mes de septiembre a los funcionarios que habían cesado en mayo del ’76, a que dieran cumplimiento a las disposiciones que tenían que ver con la declaración de bienes de funcionarios públicos, ya que “al término de las funciones, por renuncia habrá de presentarse declaración actualizada” (8), lo que implicó no faltase quien se hiciera eco de los trascendidos que circulaban y en una columna editorial sostuviera: ”...El lenguaje oficial nacional es claro, preciso, serio, prudente y firme. Lamentablemente, no ocurre lo mismo en nuestro medio para referirse a la gestión del señor Dellepiane...” (9); gestión de inestimable consideración para ese medio, ya que la vinculación de amistad del director de “Ideas” (Martín Ibañez) y el renunciante ex-intendente Dellepiane, se prolongaba en la actividad cooperativista que desarrollaban en “La Primera”, cooperativa de “Consumos, Edificación y Crédito”, de la que Dellepiane fue presidente hasta 1978. Pero, en realidad, la ratificación en cargos de intendentes que habían sido elegidos por sus vecinos provocaba desde recelos hasta complacencia en cualquier partido político en el que sus dirigentes comunales tuvieran continuidad en el ejercicio de sus funciones; en el caso del radicalismo, resulta paradigmática la charla, de la que dan cuenta Eduardo Anguita y Martín Caparrós en su obra “La voluntad”, que mantuvieron Sergio Karakachoff y Luis Menucci en agosto de 1976, antes de ingresar a la sede del Comité provincial de La Plata, en donde se denota la significación que tenían para la militancia tales conductas:

”-Sergio Karakachoff:...Tenemos que plantear claramente que no va más esto de que en el radicalismo haya dos partidos: el de los que tiene amigos generales y el de los perseguidos. ¡No se puede creer! Escuché a varios tipos del partido decir que al Negro Amaya [Mario] y a Hipólito [Solari Yrigoyen] los blanquearon porque son radicales y no tienen nada que ver con la subversión. Algunos dicen que no los mataron porque Harguindeguy no quiere quilombo con los radicales y que hay militares que saben diferenciar entre un subversivo y un tipo honesto...

-Luis Menucci: Sí, Ruso, o lo que es peor: algunos por lo bajo dicen que los levantaron por estar vinculados a la subversión... ¿qué querés con estos tipos, si algunos hasta son intendentes de los milicos, hermano?

-S.K.: Bueno, son los mismos que cuando levantan a alguien, dicen que algo habrán hecho...” (10).

Es también este 1976, el año en que son desaparecidos veinticincio ciudadanos en Campana de diferente extracción y actividad: obreros, profesionales, gremialista, ciudadanos sin militancia que eran “chupados” en sus casas, sus lugares de trabajo o en la calle en operativos clandestinos que implicaban, en general, el paso de los detenidos por la Comisaría de Campana y el Tolueno, donde estaba el ÁC-400, donde empezaba el suplicio y el mundo se empezaba a reducir a cuatro paredes estrechas para los que sobrevivían a los brutales momentos iniciales.

Ni siquiera el interés que tomaron en algunos casos particulares funcionarios judiciales, ni la concreción de entrevistas con “responsables” del AC-400, ni los “habeas corpus”presentados por diligentes abogados, lograron surtir algún tipo de efecto en un esquema represivo que, en general, el común de la gente de Campana desconocía en sus alcances y en sus efectos que tendían a negar las “desapariciones”, no creyendo lo que podían escuchar o, simplemente, refugiándose en el “por algo será”, que había calado en un imaginario colectivo hegemonizado por el “bloque civil”, sus portavoces “mediáticos” y la opinión de “ínclitos” ciudadanos que reforzaban tales aseveraciones. Lo cual no fue obstáculo para que,por ejemplo, un directivo de la Escuela Normal (la docente Margarita de Magrini) lograra que el responsable del ÁC-400 (tte.crel. Márquez) recibiera a uno de los familiares de desaparecidos (de José R. Amarilla) para tratar de interesarlo en el destino que había sufrido su familiar desde la terrible noche del 06/10/76, cuando “allanaron” la vivienda en la que vivía con su hermano (Rodolfo), de donde fueron “chupados”, logrando “zafar” por milagro Rodolfo, luego de haber sido detenido y de haberse simulado su "ejecución" por la zona de Luján; siendo desaparecido su hermano que, aunque se desalentaron esperanzas sobre su destino por parte del militar en Tolueno, fue visto por otros detenidos en la Comisaría de Campana en noviembre de 1978 (ver Informe/CONADEP); de todas formas, además de la terrible situación que debían afrontar los familiares de desaparecidos estaba la actitud seguida (por ejemplo) en el caso que referimos, con la presentación y realización de notas y reclamos ante las embajadas de Francia, EUA, México, la OEA o la ONU, tanto como  la citación para identificar un cuerpo (a pocos días de la entrevista en Tolueno) vestido con ropas de trabajo de Dalmine; situación esta que sirve para enmarcar a los meses de septiembre y octubre de 1976 en una ciudad de Campana que continúa siendo violada en lo que a preservación de derechos civiles se refiere y que se extiende con los tentáculos de la represión a barrios como Lubo donde la militancia social de base tiene trabajo y consenso, lo cual no impediría que la brutalidad de la impunidad se “chupara”, entre otras personas, a Ana Barrera (11/09/76), arrancándola en plena noche de su propia casa, en la cual aún la siguen esperando y no la olvidan.

Es con la inserción de otro de los sectores hegemónicos como continúa consolidándose la desmemoria de los campanenses, ya que por decreto 1847/76, se crea la Diócesis que abarcará a los partidos de Baradero, Escobar, Exaltación de la Cruz, Pilar, San Antonio de Areco, Zárate y Campana que adquiere relevancia en tanto y en cuanto la opinión que de ella emane significaba la legitimación de valores sociales que tuvieron que ver más con la postura que sustentaba la máxima jerarquía eclesiástica del Episcopado argentino respecto del accionar de las fuerzas armadas, que con  quienes padecían “canas, bandas y rastrillos” (11); aunque el tiempo demostraría (como veremos después) que la posición del Obispado en cuestiones vinculadas al bien común ameritaron otro tipo de respuestas ya que esos terribles momentos no fueron reconfortantes para los familiares de detenidos-desaparecidos en Campana, a pesar de que se colocara al padre Néstor Villa para atender la requisitoria de los familiares.

Ni la “tranquilidad” pueblerina que se distendía los fines de semana en el cine Campana, en la pizzería “Mar del Plata”, la parrilla “El viejo Zoilo” o en la música de “Sarao”, ”Soko’s”, ”Tropicana” o “Tabasco”, podían ocultar o resumir el temor de muchos ciudadanos frente al funcionamiento del aparato represivo que lenta y ocultamente se iba conformando en un entramado que se tejía también con la connivencia de sectores empresariales para los que la “mano dura” resultaba una elección que les solucionaría problemas gremiales y que no impediría que impusieran sus criterios en las líneas de producción que a principios del ’76 habían demandado una inversión de 150 millones de dólares en Dalmine para sus plantas de reducción-directa y laminadora continua, para las cuales “...Los mil nuevos puestos de trabajo,llevarán a más de cinco mil las personas que integran la empresa...” (12).

En sentido paralelo, se movían militantes que ya sospechaban o sabían que figuraban en las tristemente célebres “listas”, en las que se apuntaba también a aquellos que no tenían militancia “orgánica”,pero que merced a que su ficha de “inteligencia” estuviera en poder de alguno de los organismos de seguridad,donde más de uno figuraba por lo menos como “activista revoltoso-peligroso”, lo que (de conocerse el tema) implicaba estar preparado para lo peor que en muchos casos significó la brutal imposición del exilio, que sumada a la desazón que provocaba la caída de otros militantes que buscaban refugio para ser “aguantados” el tiempo que se pudiese en casas o departamentos de amigos, por ejemplo, en Buenos Aires que,más de una vez, eran localizados por fuerzas de seguridad o “encapuchados” que “reventaban” los lugares que  servían de resguardo para gente de Campana que era perseguida y no había resuelto todavía irse o buscar quedarse.

Es probable que cómo resolver tal disyuntiva o la templanza militante o el sentido común para resistir u otros motivos hayan demorado la decisión cuando “reventaron” el departamento donde Rubén “Manu” Araujo y un compañero (Camarotta), esperaban reunirse para ver en la “tele” el River-Boca y compartir una duermevela cada vez más insomne,junto a algún otro compañero que “zafó” esa noche porque llegó tarde a un encuentro en el que los servicios se “chuparon” a Araujo y se “guardaron” tres días a un Camarotta que al poco tiempo partió rumbo a Italia.

Pero es en el primer mes de septiembre del Proceso que en Campana se registra la mayor cantidad de gente desaparecida de todos los años de dictadura; probablemente (entre otras razones) haya influído en el recrudecimiento represivo de ese momento, las alternativas que generaron los paros parciales y quite de colaboración que los obreros de la industria automotriz (Citröen, Fiat, General Motors, Chrysler, Peugeot, Mercedes Benz) venían llevando a cabo y que implicaron la aplicación de la ley 21.400 de Seguridad Industrial que incluía a empresas de la zona; debiendo considerarse además la posibilidad de que las fuerzas represivas “trabajaron” con más intensidad esta zona que fuera denominada desde años antes como el “Cordón Rojo de la Ribera del Paraná”, que anticipara la actuación operativa del Ejército,junto a la Triple A, desde tiempos anteriores al golpe.

 

 


Notas

(5) Enguita, E. / Caparrós, M.: ”La voluntad III” -pág.41:cit. en Bibl. gral.

(6) Diario “La Defensa Popular” del 25/03/76

(7) Idem (6)

(8) Diario “La Defensa Popular” del 16/09/76

(9) Semanario “Ideas” del 14/08/76

(10) En “La voluntad III” -pág.145: cit. en Bibl. gral.

(11) Fragmento del tema musical “Los hijos del exilio”, del filme “El exilio de Gardel”

(12) Aviso en semanario “Ideas” del 03/01/76.

  

  

 

   

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