5. Arturo Acevedo, ministro de Frondizi

Tito Martín..., por José Ernesto Schulman

 

 

La gran huelga ferroviaria de 1961 acepta  muchas lecturas.   Como un momento muy importante en el proceso de acumulación de fuerzas que la clase obrera comenzó desde el mismo momento en que la oligarquía volteó a Perón en el 55’.   O como un motivo de encuentro de la izquierda marxista con los sectores peronistas más combativos, aquellos que prestaban creciente atención a los revolucionarios, que como John William Cook impulsaban estrategias revolucionarias y socialistas en su seno. 

También puede hacerse desde la historia económica argentina; desde la historia de enfrentamientos entre los distintos proyectos de desarrollo capitalista. Si la burguesía industrial había utilizado al gobierno peronista para comprar los ferrocarriles a los ingleses y ponerlos al servicio del desarrollo del mercado interno y del proceso de sustitución de importaciones desatado entonces; el viraje violento y profundo de un Frondizi (que había llegado al gobierno levantando un Programa de desarrollo capitalista nacional independiente como el “de Avellaneda” -llamado así por el sitio desde donde Levenshon lo hizo publico-  y pasó a la historia como el Presidente Constitucional que aplicó por vez primera un Plan de Ajuste del Fondo Monetario Internacional y entregó el petróleo al capital monopolista yankee) marcaba el ascenso de un nuevo bloque de poder hegemonizado por el capital extranjero, la oligarquía terrateniente y sus socios locales.

La entrada del fundador de Acindar, el Ingeniero Acevedo, al gobierno de Frondizi en abril de 1961, y más exactamente al Ministerio de Obras Públicas con el objetivo preciso de abrir paso al proceso de desarticulación y privatización del sistema ferroviario, marcan su plena identificación con el proyecto de desarrollo capitalista  subordinado plenamente al capital internacional. Era la expresión de una burguesía que hacía tiempo había perdido cualquier sentido nacional y ataba su destino al del imperialismo, lanzado a la más desaforada y sanguinaria guerra fría.  Cipaya en el sentido más estricto y literal del término.

Marca además el comienzo de una larga y más que fructífera relación con el poder, que por cierto aún persiste.  Mejor dicho, una asunción directa de sus funciones de patrón de estancia  como pocos grupos económicos han ejercido a lo largo de nuestra historia. Del paso del Ingeniero Arturo Acevedo por el Ministerio de Obras Públicas, Acindar aprovechó la volada para comprar a precio de chatarra las locomotoras y las vías que su presidente levantaba. Ciclo completo. También para que su “amigo” Frondizi la autorice  a planificar la construcción de una Planta Integrada (algo prohibido por la vieja Ley Savio) .    Por el solo hecho de lograr dicho permiso recibía los siguientes beneficios: exenciones impositivas a las ventas, garantía del Estado para créditos y liberación de derechos aduaneros por 300.000 Tn. de palanquilla.

Era el comienzo de la increíble historia de como Acindar se benefició durante años por no construir la Planta Integrada (subsidios estatales de todo tipo incluyendo la venta por parte de Somiza de la palanquilla a precio “promocional”), de como la construyó (durante los años de la dictadura militar de Videla/Martínez de Hoz) y de como nunca la pagó (Cavallo 1981 y Alfonsín 1984 estatizaron la deuda.

        

 

  

 

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